01 febrero 2011

Febrero, mes del amor

Tengo tantísimas ganas de verlo, abrazarlo, besarlo.

Saber que aquello que tanto buscó, que tanto anheló, lo pudo cumplir y duró tan poco, me da esperanza pero a la vez me produce un inmenso temor.

Esperanza porque el saber que está libre me hace pensar que en cierta medida (tal vez muy pequeña, digamos microscópica) tengo una oportunidad, de robar su corazón de ocupar sus pensamientos, de ser alguien importante en su vida.

Temor porque, en el remotísimo caso de que fuera yo el objeto de sus deseos, ¿qué puedo esperar? Si con ella que fue un proceso largo, de que sí querían ser novios, que se gustaron por mucho tiempo, que el uno para el otro eran especiales, no duró más de un mes ¿podríamos tener algo más profundo? especialmente teniendo el antecedente que tiene: desde que lo conozco las pocas relaciones que le he conocido son tan efímeras... y yo, a mi edad, en esta precisa etapa de mi vida no quiero una relación de dos meses, dos semanas o dos días. En este momento yo quiero una relación en forma, donde los dos miremos hacía el mismo lado y crezcamos juntos y francamente con él no creo tener nada de eso, aún cuando tiene el 95% de características que pido para mi hombre perfecto.

Lo quiero tanto, tanto tanto, ya no lo puedo negar, ocupa una gran parte de mis pensamientos... y yo ya no quiero sentir esto, pero creo que cada día va creciendo más, mucho tendrá que ver que me obsesiono en no pensar en él y logro todo lo contrario

El cántaro se rompe cada vez más y más... a dónde iré a llegar?

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