No hay peor ciego que el que no quiere ver...
Durante mucho tiempo sospeché que algo así sucedía pero me aterraba descubrir la realidad; traté de investigar por mi cuenta, y fue inútil; por otra parte, nunca tuve el valor de preguntarlo de frente y tristemente tú nunca fuiste sincero conmigo. Si desde un principio hubieras hablado claro, me habrías evitado tantos malos momentos; tantas horas de insomnio, tantos días fuera de este mundo.
No puedo negar que todos esos momentos fueron hermosos, de verdad que fuiste un gran aliciente en mi vida pero ¡a qué precio! Dios mio, por favor perdóname, yo no sabía lo que estaba haciendo, y ahora que lo sé, me arrepiento, ya nada puedo solucionar, sólo puedo evitar la ocasión.
Con esto no te quiero culpar... sé que la culpa es de los dos y la ignorancia no salva, pero ahora es momento de dejar todo, de olvidarlo y de poner punto final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario