Como una luz abrumadora llegó a mi mente la razón de la soledad o mejor dicho del por qué me siento sola. Hace unos instantes que comenzaba a afligirme por experimentar este angustioso sentimiento, y que una vez más una serie de pensamientos pesimistas invadían mi mente se reveló en mí la razón de por qué tanta soledad, y el gran culpable de todo esto es el DIÁLOGO.
Dicen que yo no fui siempre una persona callada, tímida, reservada e introvertida. Cuenta la leyenda que cuando era niña solía ser muy alegre, muy ocurrente, decía todo lo que pensaba y no me avergonzaba... yo no lo recuerdo, hace tanto tiempo que mi mente lo ha olvidado, o tal vez algo fuerte sucedió que me marcó y me obligó a borrar esos recuerdos, no lo sé pero mis registros aparecen a partir de que intentaba comunicarme con alguien e invariablemente encontraba alguna barrera: a veces no escuchaban lo que decía y tenía que repetir una y otra vez; o en otras ocasiones no comprendían lo que quería decir, no alcanzaban mis sentimientos.
Cosas como esas que van desilusionando a una inocente niña ávida de amor y comprensión hicieron que me reprimiera, que cada vez fuera menos importante para mi hablar con los demás y alrededor de mi corazón se fueron construyendo barrera tras barrera tras barrera de tal forma que el día que quise que mi corazón hablara no fue posible por que no había por dónde pudiera pasar esa información.
Con el paso de los años cada vez fui experimentando más ese sentimiento que enajena a los hombres, que los deprime y que los hace egoístas: la soledad. ¿Cómo es posible que YO sintiera soledad si siempre me rodearon el cariño y las atenciones de muchas personas? Pues sí, por increíble que parezca, todo eso no fue suficiente y la soledad entró en mi alma y se alojó como el huésped incómodo del que no me he podido deshacer.
Dejé de comunicarme, de dialogar, dejé de hablar y por lo tanto los demás dejaron de escucharme, y al no escuchar nada, no había una respuesta que dar, lo que se convirtió en un círculo vicioso donde todo era silencio. No pude reflejarme en los demás, no pude percatarme de mi existencia, y los demas tampoco pudieron darse cuenta de que soy una persona que siente, que piensa, que anhela, que ama...
Esa es verdaderamente la soledad. Por eso uno no puede explicarse que sienta soledad cuando está rodeado de personas porque el verdadero problema no está en la ausencia física de las personas; la soledad está en el silencio, en el no recibir una respuesta a la propia existencia porque no hemos sido capaces de manifestarla o tal vez porque somos cerrados a la respuesta que nos da nuestro interlocutor y no la escuchamos y entonces el problema es la sordera, no el silencio.
Ahora que aparentemente he entendido el por qué de mi situación tengo el fuerte compromiso de hacer algo por cambiarla. Mi mente alcanzó la iluminación y le fue revelado el camino para llegar al interruptor, ahora sólo falta que en mi corazón esas barreras comiencen a caer para tener el valor de caminar por ese sendero que me llevará a encender el switch que dará paso a la luz que alejará las tinieblas de la angustiosa soledad (¡Dios mío, dame fuerza y decisión, valor y confianza!)
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