21 septiembre 2007

segunda carta muerta 1187

Por fin, la noche terminó y aún no sé quien gana esta guerra. Desperté hace como una hora, pero porque ya no podía estar más en la cama. Si por mi hubiera sido me habría quedado dormida el día entero para no pensar más en ti.

Pero qué le voy a hacer, si mi primer pensamiento fue para ti y en lo que te diría (si es que tuviera valor) la próxima vez que nos encontremos (después de una rigurosa y amena introducción):

- Me estás obligando a ser congruente

-
¿Por qué?

-
Te voy a dar un consejo aplicándolo

- No entiendo

- Hace 2 meses más o menos que mantenemos contacto. Los primeros días era para mi muy divertido, pues me caíste muy bien, me hacías pasar momentos muy agradables. Pero a los pocos días me di cuenta que eres demasiado especial y que sin darme cuenta te metiste en mi corazón (o mejor dicho te lo robaste). Ya no ansiaba otra cosa en el día que no fuera estar contigo, y cuando ese momento llegaba yo era feliz, dichosa, me sentía plena. Pero empezó a afectarme a tal grado que ya no pensaba en otra cosa y no estar contigo me ponía de mal humor y arremetía con quien se le ocurriese ponerse enfrente.


Comprendí que un amor tan grande como el que estaba sintiendo no podía reflejarse en un comportamiento como el mío, así que como dice Sabines (¡o sea! ¡Sabines!, yo nunca en la vida había leído poesía hasta que te conocí) decidí curarme de ti, en una semana recuperar todas las palabras de amor y todo el silencio y quemarlo, hasta que ya no me dolieras. Y me ayudaste, fueron ¿dos semanas? de terrible desesperación por no saber de ti, por llegar a pensar lo peor, poco a poco fui curándome hasta que un día rompiste el silencio, y me dio tanto gusto saber de ti, sigues siendo mi sol, luz, calor y vida, la estrella que a mi vida sustentó… pero ya no produjiste ese efecto negativo ¡en verdad me estaba curando de ti!

Nuevamente interminables días de silencio, pues yo sé que tú estabas ahí, sólo que no me hablaste. Hasta que hablaron ¿las yemas de tus dedos? (tu corazón), diciendo “Te quiero” pero no eran palabras para mi y me destrozó saber que sufres lo mismo que yo. Me dolió darme cuenta que yo no soy igual que tú eres para mi, pero más me dolió saber que no eres feliz, que no eres lo suficientemente valiente como para enfrentarla y decirle a la cara cuan importante es para ti y darme cuenta que te estás perdiendo esa oportunidad de ser feliz por miedo. Ese es mi consejo, que busques tu felicidad, que le digas cuanto la quieres, pero de frente, yo no sé a qué le temes, al rechazo o qué, pero no la dejes ir, mira que se sufre demasiado…

Y después de ese monólogo no sé qué seguiría, tu respuesta la imaginé ayer, pero hoy ya no soy capaz de hacerlo, yo creo que es por miedo, no sé a qué (a que me digas que soy yo, o a que me digas que es ella).

Hoy me encuentro convaleciente, ya no es una simple gripe lo que me aqueja, hoy estoy recuperándome de una peligrosa y delicada cirugía, espero salir bien librada. Por supuesto que las cicatrices quedan, pero eso es bueno porque quedará una marca de lo importante que has sido, y nunca te olvidaré y aunque esa cicatriz se borrara, yo sé que nunca he de olvidarte.

No hay comentarios: